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Historia

Tesoros de papel. Una de las joyas del Real Círculo de la Amistad es su centenaria biblioteca. La referencia más lejana data del acta del 21 de marzo de 1854, cuando el Círculo estaba inmerso en el pleno traslado y en las obras del arrendado local de las Nieves, propiedad del Liceo Artístico y Literario. Aquella primigenia Junta Directiva del Casino Cordobés, al que habían rebautizado como Círculo de la Amistad, designó una comisión especial al objeto de encargar una mesa de caoba para el gabinete de lectura. Costó 350 reales. Su primer «bibliotecario» o encargado del área, sita en una dependencia antigua del viejo Liceo Artístico y Literario, fue el socio fundador Mariano Esquivel y Anguita.

El señor Esquivel era natural de Córdoba, doctor en Teología, abogado, diputado a Cortes y Catedrático del Colegio de la Asunción. Impartía las cátedras de Ética (1836) y Religión y Moral (1852) en el Instituto de Segunda Enseñanza. Fue académico de la de Córdoba, siendo admitido el 19 de enero de 1821 y electo secretario el 11 de enero del siguiente año. Autor de dos obras, Apuntes sobre el juicio ejecutivo (1835) y Ethicae seu philosophiae moralis compendium(1838), falleció el 10 de mayo de 1863.

(Diario de Córdoba, 13-1-1865)

Por esas fechas, ya contaba el gabinete con dos lámparas, varias sillas y algunos armarios, además de un exiguo número de libros. El seis de agosto de 1866, según consta en acta, «noticiosa la junta directiva de que don Domingo Portefaix trata de enajenar la biblioteca de su propiedad, acordó pedir a dicho señor el catálogo de las obras de que se compone y las bases bajo las cuales, se propone venderlas por si a esta Sociedad conviene su adquisición». El señor Domingo Portefaix y Páez nació en Córdoba el 4 de agosto de 1808. Fue Gobernador Civil de varias provincias y Alcalde Corregidor de Barcelona desde febrero de 1848 hasta enero de 1849. Benemérito de la Patria, Coronel de Infantería y Comandante de Carabineros, por los méritos contraídos sirviendo en varias acciones de guerra y durante su carrera administrativa, fue condecorado con cinco cruces. Ostentó además los grados de Caballero de la Real y Militar Orden de San Fernando de Primera Clase, Comendador de la Real Orden Americana de Isabel la Católica y de la Real Orden de Carlos III. Escribió, entre otros, el Manual para la instrucción del cuerpo de carabineros (1844), cuyo ejemplar se guarda en la biblioteca de nuestra entidad.

(Firma del Sr. Portefaix, Libro de Actas)

Tres años tardaría el Círculo en gestionar la compra, pues en la sesión del 2 de abril de 1869 «se acordó comprar […] la biblioteca de su propiedad conforme al catálogo que ha presentado al ofrecerlo bajo el precio de 18.000 reales, satisfechos por mensualidades de 500 reales». Presidía la Sociedad por aquel entonces don Rafael María Gorrindo (1868-69). En el último tramo del siglo XIX, el gabinete atesoraba ya más de mil quinientos volúmenes.

(Diario de Córdoba, 20-1-1895)

Su noble moblaje, armarios, mesas y sillones se fechan en los últimos años del Novecientos, así como su decoración, obra del escultor cordobés Mateo Inurria Lainosa (1867-1924). El claro influjo modernista, visible en algunas dependencias del Círculo, asoma con luz propia en el caso de la biblioteca: siete medallones de célebres personajes cordobeses: Séneca, Averroes, Góngora, Ambrosio de Morales, el Duque de Rivas, José María Rey y Juan Valera. A continuación se transcribe el documento firmado por José María Cadenas, presidente del Círculo de la Amistad, y Mateo Inurria Lainosa, por el que ambos se obligan, al pago el primero y a la decoración el segundo de algunas dependencias de esta sociedad:

Por el presente documento privado declaramos, de una parte, don José María Cadenas, mayor de edad, con capacidad para obligarse, como presidente del Círculo de la Amistad y en representación del mismo, y de la otra, don Mateo Inurria Lainosa, también mayor de edad, y en el completo goce de sus facultades, que hemos convenido en lo siguiente:

1º) En que el Sr. Inurria se obliga a decorar el salón de la biblioteca que existe en el Círculo de la Amistad de Córdoba, cuya decoración consistirá en el artesonado, piso, enjutas con medallas de cordobeses ilustres en número de seis, archivoltas en los arcos y repisas que los reciben.

2º) En que el Sr. Inurria, igualmente, se obliga a decorar el tocador destinado para señoras en el mismo edificio del Círculo, cuya decoración consistirá  en los muros, en el techo y en el mobiliario (como cortinas, alfombras, tocadores, descalzadores y sillas).

3º) En que del propio modo se obliga el Sr. Inurria en la decoración del salón derecho conforme se entra en el Círculo de la Amistad, que habrá de comprender el artesonado, piso, zócalo y muebles que consistirán en sillas, butacas y mesas para café.

4º) En que a cambio de estas obligaciones contraídas por el Sr. Inurria, don José Marín, como presidente del Círculo de la Amistad, se compromete a abonar por todo lo anteriormente expresado la suma de veinte y un mil pesetas en la siguiente forma: siete mil pesetas al comenzar los trabajos, otras siete mil al mes de comenzados y el resto al concluir los trabajos y haberlos entregado.

Se hace por duplicado este contrato. Y para que conste firmamos el presente en Córdoba a veinte y dos de agosto de mil novecientos. Firmado. Mateo Inurria. José Marín Cadenas.”

El Sr. Inurria realizó este trabajo a finales de 1900, por mor de la inauguración –enero de 1901– de la suntuosa sala de lectura. Contrato que suscribió con el Presidente del Círculo de aquel tiempo, José María Cadenas, cuyo documento transcribimos parcialmente: en su capítulo primero, el señor Inurria «se obliga a decorar el salón de la biblioteca que existe en el Círculo de la Amistad de Córdoba, cuya decoración consistirá en el artesonado, piso, enjutas con medallas de cordobeses ilustres en número de seis, archivoltas en los arcos repisas que los reciben». El número de medallones no coincide con el actual, pues, a última hora, se añadió uno más: el correspondiente a don Juan Valera. Como honorarios por estos trabajos, que incluían la decoración del salón de lectura y del tocador de señoras, recibió la suma de 21000 pesetas.

Desde principios del XX, Mateo Inurria participa con regularidad en los jurados de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid. En 1911, ocupa el puesto de profesor de modelado y vaciado de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Son numerosas las exposiciones a las que concurre, alzándose con distinciones como la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Panamá (1915), el Diploma de Honor en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza (1919) o la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes (1920). Esta última por la prodigiosa «Forma», obra conservada hoy en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

La noche del 16 de enero de 1901, bajo el mandato de don José Marín Cadenas, se inaugura la nueva biblioteca, que contaba ya con 865 obras (1767 volúmenes). Al concluir 1902, el inventario alcanzó la cifra de 1064 obras (1992 volúmenes), que ascenderían a 1275 (2331 volúmenes) en 1903 y, posteriormente, a 2602 títulos y 4730 tomos en 1906. Sin duda un ciclo corto, pero con un gran flujo bibliográfico, gracias a los desvelos del señor Marín Cárdenas, que mandó confeccionar el último año un catálogo de los ejemplares existentes. Acometió esa tarea la imprenta La Verdad, de Antonio Álvaro Morales (22 de diciembre de 1906).

En la Junta General celebrada el 17 de enero de 1908, la memoria leída por el secretario Manuel Enríquez Barrios, durante la presidencia de Antonio Ortega Benítez, da cuenta de las nuevas incorporaciones dispuestas en el catálogo de nuestra biblioteca: Historia General del Arte, editada por la casa Montaner y Simón; Tratado Práctico de Medicina y Cirugía moderna (1899), de Luís Marco Corera; Tratado Didáctico de Fisiología Humana (1905) de Luigi Luciani; la colección de la «Nueva Biblioteca de Autores Españoles», de la casa Bailly-Bailliere; Ensayos sobre Educación (1907), de José del Perojo; Anuario Militar de España; Jurisprudencia del Código Civil (1900), de Enrique Díaz Guijarro;Comentarios al Código Civil Español (1907), de José María Manresa y Navarro; Tratado de Medicina, de Wilhelm Ebstein; Tratado de Cirugía Clínica y Operatoria, de E. Von Bergmann; Poesías (1907) de Miguel José Ruiz; y lasOrdenanzas Municipales de Córdoba (1884).

De los 17.000 volúmenes que alberga en la actualidad, el más antiguo de todos De scriptorib[us] ecclesiasticis fue impreso en el año de 1512. La autoría corresponde a Juan Tritemio. Escrito en latín, proporciona detalles biográficos y bibliográficos sobre 963 escritores –monjes y clérigos– de la Baja Edad Media. Del Siglo de Oro, objeto de esta colectánea y de la exposición que la ha acompañado, destacan obras maestras como las Adiciones al memorial de la vida cristiana (1575), de Fray Luis de Granada; la Ley de amor y cuarta parte del abecedario espiritual (1536), de Fray Francisco de Osuna; las Antigüedades Judías (1546), de Flavio Josefo; el Thesaurus Artificiosae Memoriae (1579), de Cosme Rosellio; la Historia de Sevilla (1587), de Morgado; el Testamento Político (1696) de Armand Jean du Plessis, Cardenal-Duque de Richelieu; o Los seis libros de las políticas (1604), de Justo Lipsio. Puesto que varios de ellos son glosados aquí por hispanistas de prestigio –sin olvidar los textos conservados de San Juan de la Cruz, Quevedo o Mexía–, hemos optado por informar del patrimonio libresco, así como de su adquisición. Entre las ediciones neoclásicas, cuya catalogación y puesta en valor afrontaremos en los próximos años, conviene reparar en Los seis libros de la Galatea (1784), Cervantes; el Orlando Furioso (1785), de Ariosto; el Dictionarium (1789), de Nebrija; o El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha (1797), editado en Madrid por Gabriel Sancha.

Por su curiosidad política, la biblioteca guarda con celo un álbum confeccionado por el artista cordobés Rafael Bernier Soldevilla. Se trata de un hermoso ejemplar que recoge la nómina de los políticos que asistieron a la Asamblea Regional Andaluza donde se aprobó el Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Autonomía. Acto que se celebró en el Círculo en el mes de enero de 1933. La buena acogida dispensada y las facilidades que dio esta sede –los locales precisos para su celebración– cristalizó en el citado álbum de agradecimiento. Presenta una cubierta de lujo, cuero cordobés repujado y policromado, con cuatro bullones de plata en la citada tapa y otros cuatro al dorso, además de broches de cierre, en plata de ley, que reproducen los aldabones de la puerta del Perdón de la Mezquita-Catedral de Córdoba.

(Biblioteca del Real Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario)

Además la biblioteca del Real Círculo de la Amistad guarda extensa documentación referida a la Sociedad Económica Amigos del País que, junto con la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, conforman un mas que completo archivo de una sociedad fundada en el año 1779 por personas ilustradas de la ciudad como Gregorio Pérez Pavía, Bartolomé Basabrú, Blas Antonio Cadenas y Diego de Bonrostro Carrasquilla. Entre la centena de legajos podemos encontrar memorias, actas, boletines, libros de contabilidad, correspondencia, discursos así como importantes documentos acerca del Colegio de Niñas Educandas (1871-1823). Actualmente se encuentra en proyecto la digitalización de este fondo documental.

La biblioteca ha sufrido varias mudanzas a lo largo de su historia y por ella pasaron los siguientes responsables: Cristeto Rodríguez Aparicio, Pedro de Lara, Julio Franquelo, Luciano Gisbert, José Rafael de la Torre Vasconi, su hermana María del Pilar, Anguita, Francisco González, Rafael Pérez, Araceli González-Ripoll, María Dolores García Cadenas de Llano, Miguel Fernández Heredia, Paqui Lozano y, en la actualidad, Roberto Carlos Roldán Velasco.

Situada en la planta superior, ocupa un total de 358’47 metros cuadrados y consta de dos salas: la primera es la ornada por Mateo Inurria; la segunda (Sala de Estudio) se incorporó hace algunos años, debido a la creciente falta de espacio para el registro y la acogida de usuarios. Los lectores suelen ser socios del Círculo, que suben a leer la prensa, investigadores atraídos por sus documentos y jóvenes que disponen de un recinto tranquilo para el estudio.

Roberto Carlos Roldán Velasco

Bibliotecario